Eli Camara | Tu Elemento | Aceites Esenciales

Madre practicando aromaterapia con aceite esencial, momento de autocuidado y transformación interna

Maternidad, patrones heredados y el día que decidí dejar de gritar.

De niña me gritaron. Y ahora, cuatro años después de ser bimadre, puedo entender a mi madre.
Puedo entender cómo mi madre estaba agotada de llevar una casa, de planificar menús, atender a sus hijos, a su marido, trabajar… y que ella quedara relegada a un ultimísimo lugar.
Puedo entender que solo necesitara un momento de paz y silencio y que dos niños, mi hermano y yo, nos peleáramos o le diéramos “un disgusto”, interrumpiendo ese pequeño momento de calma.
Y que entonces nos metiera unos gritos y nos culpabilizara de todo, cuando en realidad solo éramos el detonante final de su cansado cuerpo y mente.

La entiendo tanto.

Pero no la culpo, no los culpo. Durante mucho tiempo sí lo hice. Lamenté que mi crianza no fuera diferente, más amable y empática. Pero sé que lo hizo lo mejor que pudo con las herramientas que tenía. Sé que nunca se dio un momento para ella y que no tenía las herramientas para liberar toda esa tensión acumulada.

Y sé también que todas esas experiencias que viví son las que me llevaron a la persona que soy hoy. A la madre que soy hoy. Más consciente, más presente y sabiendo el impacto que todas esas situaciones tienen en mis hijos.

Pero que me gritaran y yo aprendiera a gritar no es algo inamovible.

En uno de los audios te contaba que llegó un momento en que dejé de gustarme.
Amaba estar en casa con mis hijos y estar presente en su día a día, pero no amaba cómo reaccionaba cuando estaba exhausta de llevar dos crianzas, una familia y un negocio.

Pedí ayuda.

Otra de las cosas que aprendí, no sé muy bien de quién o de dónde —quizás de la sociedad— es esa idea de que las mujeres debemos poder con todo y no pedir ayuda a nadie. Que somos súper suficientes y no necesitamos ayuda de una pareja, un familiar o una tribu.

Pero pedí ayuda para intentar liberarme de esos patrones adquiridos en los que no me gustaba nada cómo me comportaba cuando algo no salía como esperaba.
Cuando me esforzaba para que todo saliera bien pero siempre había algún drama que interrumpía la harmonía.
Cuando aparantemente estaba tranquila pero uno de mis hijos decidía que no le gustaba el menú del día, gritaba y lloraba… y yo rompía a gritar.

No era por ellos.
Era yo que no podía más.
No podía sostener más.
No aguantaba más.

Pero… ¿quién me exigía sostener y aguantar?
No era más que yo misma, esa creencia que me había impuesto.

La ayuda fue sencilla.
¿Quién te pide que sostengas? ¿Que aguantes?
Suéltalo. Suelta las expectativas.
Tú eliges cómo sentirte con cada situación. Nada ni nadie puede irrumpir tu paz si tú así lo deseas.

Cuando algo de los demás detona en ti es porque te está queriendo decir algo. Un mensaje. Un reflejo de ti.
La ley del espejo. Cuando algo de los demás detona en ti, es porque te está queriendo decir algo. Un mensaje. Un reflejo de ti.

Y esta fue mi primera incursión en el aspecto emocional de los aceites esenciales. Su impacto fue tal que esa limitación se deshizo en forma de “click”.
Entender que cómo me sentía dependía precisamente de mí, no de cómo se comportaran mis hijos o de cómo recibiera la información que me llegaba de mi entorno.
Y que si algo me movía de mi paz era porque algo en mí no estaba bien alineado y debía mirar hacia dentro.

¿Cuántas veces buscamos respuestas fuera?
Tal o cual ha dicho algo de mí, ya le vale. Tal o cual opina esto de mí, ¿tú te crees?

La realidad es que debería resbalarte literalmente lo que opinen los demás de ti si tú estás en tu centro y paz.

Los aceites esenciales no son únicamente el botiquín para cuando tienes dolor de cabeza, malestar de barriga, una contractura o te han picado los mosquitos.
Su poder no se limita a eso. Su poder es tan increíble que es capaz de liberar patrones y creencias… si estás dispuesta a trabajarte y mirar hacia dentro.

Y fue un gran alivio: soltar, aceptar, dejar de detonar, dejar de estar en modo defensa, tensa, exhausta.
Empezar a sentirme más liberada. Y sí, dejar de gritar. Y también dejar de sentirme mal si ocasionalmente ocurre.

Cómo trabajan los aceites esenciales en el cuerpo y la mente

Aceites esenciales en estantería y mujer eligiendo para transformación emocional

Muchas personas se preguntan cómo es posible que un aceite esencial pueda influir no solo en el cuerpo, sino también en las emociones. La explicación está en cómo entran en nuestro organismo y en la forma en que el cerebro procesa los aromas.

Cuando inhalamos un aceite esencial, sus moléculas aromáticas viajan directamente al sistema límbico, la parte del cerebro relacionada con emociones, memoria, comportamientos y respuestas de supervivencia, sin pasar por el raciocinio.
Es la misma zona que se activa cuando un olor nos transporta inmediatamente a un recuerdo de la infancia o a una emoción muy concreta.

Por eso el olfato tiene una capacidad tan directa para influir en cómo nos sentimos.

Los aceites esenciales también pueden aplicarse sobre la piel. Sus moléculas son muy pequeñas y liposolubles, lo que les permite atravesar la piel y entrar en el torrente sanguíneo, interactuando con diferentes sistemas del cuerpo.

Pero cuando hablamos de liberar patrones o creencias, no significa que el aceite “borre” algo por sí solo.
Los aceites actúan más bien como catalizadores, creando un estado interno más receptivo, ayudando a relajar el sistema nervioso, a bajar el nivel de estrés y a abrir un espacio de mayor consciencia.

En ese estado es mucho más fácil observar nuestras reacciones automáticas, emociones y patrones que repetimos sin darnos cuenta.

Cuando utilizamos aceites esenciales con intención, combinándolos con momentos de pausa, respiración y observación interna, pueden ayudarnos a interrumpir el piloto automático.
No hacen el trabajo por nosotras, pero sí facilitan que podamos verlo, sentirlo y transformarlo.

Es como si abrieran una puerta.
Y cuando esa puerta se abre, aparece la posibilidad de elegir algo diferente:

  • Elegir responder en lugar de reaccionar.
  • Elegir soltar una creencia que ya no nos sirve.
  • Elegir vivir con un poco más de calma.

Y a veces, algo tan sencillo como inhalar un aroma mientras te permites parar unos minutos… puede convertirse en el inicio de un cambio mucho más profundo.

Otros aceites clave en mi día a día

No solo estos aceites me han ayudado, obviamente. Estos han sido parte de una liberación, de una transformación. Pero hay otros que son clave en mi día a día y sé que, sin ellos, reaccionaría o detonaría mucho más.

Porque el estrés, la presión y los quehaceres siempre van a estar. La maternidad, la casa, el trabajo… todo eso no desaparece.

Por eso los aceites esenciales no se usan como un rescate puntual, sino como acompañantes del viaje.

Stress Away, por ejemplo, me ha ayudado muchas veces cuando me encontraba encendida, a punto de explotar. En esos momentos en los que notas que todo dentro empieza a subir y la reacción está a punto de salir. Su aroma me ayuda a bajar y aterrizar en el cuerpo, en lugar de dejarme llevar por la mente.
Eso sí, debes tenerlos a mano. No escondidos en un armario, porque entonces no hay aceite que valga.

Y Incienso… llega cuando la sobrecarga se vuelve silenciosa. Cuando no explotas, pero lo llevas todo por dentro. En esos momentos de máxima ansiedad o cansancio profundo, me ayuda a tratarme con amor, acompañarme y escucharme. A preguntarme qué necesitaba realmente como persona y madre en esos días.

Madre jugando con sus hijos en casa, gestionando emociones y crianza

Próximamente estaré compartiendo en la comunidad Tu Elemento cómo utilicé exactamente estos aceites esenciales. Cómo, cada noche, me ayudaban a liberar mientras escribía todo eso que ya no formaba parte de mí.

Los aceites esenciales son una gran puerta.
Si me hubieran dicho hace cinco años que podría cambiar partes de mí que no me gustaban, o que a través del poder de las plantas se abrirían tantas posibilidades de crecimiento interno, no me lo habría creído.

De hecho, por eso tardé bastante tiempo en incorporar los aceites a nivel emocional.
Todo llega cuando estás preparada para recibirlo.
Eso sí, cuando llega… debes abrirte a ello.

Porque cuando una mujer decide mirar hacia dentro… empieza a cambiar mucho más que su forma de reaccionar.

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